jueves, 14 de abril de 2011

IMPRESIONISMO

El movimiento plástico impresionista se desarrolló a partir de la segunda mitad del siglo XIX en Europa (principalmente en Francia) caracterizado, a grandes rasgos, por el intento de plasmar la luz (la "impresión" visual) y el instante, sin reparar en la identidad de aquello que la proyectaba. Es decir, si sus antecesores pintaban formas con identidad, los impresionistas pintarán el momento de luz, más allá de las formas que subyacen bajo éste. El movimiento fue bautizado por la crítica como Impresionismo con ironía y escepticismo respecto al cuadro de Monet Impresión: sol naciente. Siendo diametralmente opuesto a la pintura metafísica, su importancia es clave en el desarrollo del arte posterior, especialmente del postimpresionismo y las vanguardias.

Con anterioridad al Impresionismo, el marco artístico, era dominado por un eclecticismo, al que respondió la generación de las rupturas estilísticas, una serie de rupturas que darán personalidad propia al arte moderno. La primera de ellas o, si se prefiere, su preámbulo, es el Impresionismo, un movimiento, resultado de una prolongada evolución, que coloca definitivamente al siglo XIX bajo el signo del paisaje y que busca un lenguaje nuevo basado en un naturalismo extremo.
Tiende a usar con creciente frecuencia colores puros y sin mezcla, sobre todo los tres colores primarios y sus complementarios, y a prescindir de negros, pardos y tonos terrosos. Aprendieron también a manejar la pintura más libre y sueltamente, sin tratar de ocultar sus pinceladas fragmentadas y la luz se fue convirtiendo en el gran factor unificador de la figura y el paisaje.

Variantes en la estética impresionista
No todos los pintores del grupo fueron iguales y, ni mucho menos, fielmente ortodoxos con respecto a la estética impresionista. Las sólidas estructuras de luz y sombra de Eduard Manet fueron realizadas en su mayoría en interiores, después de muchos estudios preliminares, y tienen la dicción formal del arte de estudio, no la frescura de la pintura al aire libre. La atmósfera y el color local no eran, ni mucho menos, sus objetivos primordiales, y cuando representaba lo que parece, a primera vista, un tema «impresionista» era capaz de cargarlo con tantas ironías y contradicciones que llegaba a empañar toda su inmediatez.
Dejando aparte a Berthe Morisot, el pintor del grupo que más se le aproxima es Edgar Degas, con una pintura difícil de comprender por su aguda inteligencia, sus intrigantes mezclas de categorías, sus influencias poco convencionales y, sobre todo, su tan traída y tan llevada «frialdad», aquella fría y precisa objetividad que fue una de las máscaras de su infatigable poder de deliberación estética.
De hecho, ningún pintor del grupo es tan puramente impresionista como Claude Monet. En su obra el factor dominante es un claro esfuerzo por incorporar el nuevo modo de visión, sobre todo el carácter de la luz, mientras que la composición de grandes masas y superficies sirve únicamente para establecer cierta coherencia.
Por su parte, Renoir es el pintor que nos convence de que la estética del Impresionismo fue, sobre todo, hedonista. El placer parece la cualidad más evidente de su obra, el placer inmediato y ardiente que produce en él la pintura. Nunca se dejó agobiar por problemas de estilo y llegó a decir que el objeto de un cuadro consiste simplemente en decorar una pared y que por eso era importante que los colores fueran agradables por sí mismos.
Sin duda, Camille Pissarro fue el menos espectacular de los impresionistas porque es un pintor más tonal que esencialmente colorista. Pero, decano del Impresionismo, tuvo un importante papel como conciencia moral y guía artístico.
Y, por último, trabajando a veces con Renoir y a veces con Monet, estaba Alfred Sisley, influido por ambos. Durante toda su vida siguió fielmente las directrices de los impresionistas pero nunca llegó a abandonar «la caza del motivo» y siempre se dejó llevar espontáneamente, con una facultad de comunicación directa, por un Romanticismo subyacente y lleno de poesía.

En los intentos por describir esta nueva forma de representación plástica, se interpretó que estos artistas eran impresionistas en el sentido en que no representaban un paisaje sino que buscaban plasmar la sensación que éste producía.
El impresionismo como movimiento unificado, pertenece a la década de 1870. Luego, los artistas fueron evolucionando y sus trayectorias fueron más individuales. Se considera que la década del 60 fue un período de formación en donde los futuros impresionistas fueron configurando sus ideas y desarrollando las bases de su técnica.

Entre los objetivos del movimiento impresionista, podemos mencionar:
  • 1.La representación indmediata y fiel desde una perspectiva visual de una escena momentánea
  • 2. La realización de una obra al aire libre
  • 3. La utilización de colores puros aplicados directamente sobre el lienzo en lugar de mezclarlos en la paleta
  • 4. La técnica de presentar la luz teniendo en cuenta los colores que la componen: acá se manifiesta el interés por las novedades científicas de la época
  • 5. La utilización de pequeñas pinceladas y toques de color brillante
  • 6. La utilización de la luz y del color como únicos medios para unificar una pintura. Esto se contraponía con el método tradicional que buscaba trazos y formas a través de luces y sombras.
En conjunto, todos estos objetivos suponían una auténtica revolución en la concepción del arte. Es posible rastrear los orígenes del impresionismo en el énfasis por los datos objetivos y la observación directa de los pintores realistas, lo cual se hallaba en consonacia con el positivismo filosófico.
La utilización de color en los impresionistas se basaba en gran parte en los aportes de Chevreul quien observó que la yuxtaposición de los colores hace que éstos se modifiquen de manera tal que dos colores juntos, al ser observados desde lejos, se funden en un solo tono. Estas teorías fueron el fundamento de la técnica impresionista que utilizaba colores puros en el lienzo buscando el efecto visual a la mirada distante. En rigor, estas técnicas tuvieron sus precedentes en pintores como Delacroix y Constable.

* El autor impresionista que quisiera destacar aqui es Claude Monet, un pintor francés a quien a partir de la mitad de su carrera artística se le adjudica el estilo impresionista.
 Sus primeras obras, hasta la mitad de la década de 1860, son de un estilo realista. Monet logró exponer algunas de estas obras en el Salón de París. A partir del final de la década de 1860 comenzó a pintar obras impresionistas. Un ejemplo de este período creativo es la vista del puerto de El Havre títulada "Impresión, sol naciente", que le dio nombre al movimiento. Esta desviación del gusto de la época, que era marcado por las academias de arte, empeoró su situación económica. En la década de 1870 tomó parte en exposiciones de arte impresionista en las cuales también participaron Pierre-Auguste Renoir y Edgar Degas. Su carrera fue impulsada por el mercader de arte Paul Durand-Ruel, pero a pesar de esto su situación financiera permaneció siendo difícil hasta mediados de la década de 1890. En esta época, Monet desarrolló el concepto de la "serie" en las que un motivo es pintado con distintos grados de iluminación.
Al mismo tiempo comenzó a plantar su famoso jardín en Giverny que luego utilizó como motivo para sus pinturas (una de las cuales es la que destaco en esta entrada, "Les Nymphares").

En el año 1908 se evidenciaron los primeros indicios de la enfermedad de los ojos de Monet. Entre septiembre y diciembre de ese año estuvo junto con su esposa en Venecia, donde no solamente pintó, sino que también estudió en las iglesias y museos de la ciudad las obras de los artistas Tiziano y Paolo Veronese. El 19 de mayo de 1911 murió su segunda esposa, Alice. Al año siguiente su visión empeoró y se le diagnósticaron cataratas en ambos ojos.
 En sus últimos años Monet destruyó por cuenta propia varias de sus pinturas, ya que no quería que obras sin terminar, bocetos y borradores entraran al mercado de arte, como en efecto sucedio después de su muerte. El 5 de diciembre de 1926, Monet murió en Giverny.


Les nymphéas
Claude Monet
1920-1926
219 × 602 cm
Museo de l'Orangerie, París.


Los nenúfares (en francés Les nymphéas) es un ciclo de pinturas al óleo que ejecutó el pintor francés Claude Monet al final de su vida, sobre amplios paneles, como el de la ilustración, que mide 219 × 602 cm, y que actualmente se exhiben en el Museo de la Orangerie de las Tullerías, en París, Francia.
Estos inmensos paneles representan un lago con nenúfares.
Monet los pintó para que quedaran suspendidos en círculo (dentro de una estancia circular) así sería como si fuera un día que transcurría o bien siendo las cuatro estanciones que se descubrían.
En 1890 Monet compró una casa en Giverny y en 1893 se fue allí a vivir; a partir de ese momento, con la ayuda de otras personas, diseñó y construyó los jardines y los lagos donde plantó sus conocidos nenúfares con idea de pintar los coloristas efectos de luz que se producían en el agua con las distintas plantas y flores. Antes de 1899 sólo pintó diez veces el jardín, esperando que sus plantas y flores madurasen y consiguiese el efecto deseado; eso ocurrió entre 1899 y 1900 y su jardín fue el centro de sus pinturas.




fuentes: http://arte.idoneos.com/index.php/Impresionismo
http://es.wikipedia.org/wiki/Nen%C3%BAfares_(Monet)
http://es.wikipedia.org/wiki/Claude_Monet#Ultimos_a.C3.B1os_y_muerte

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